Capítulo 7. Cuando la “solución rápida” se convierte en un problema para la eternidad

En casa de Álex se abordó la cuestión del aborto. El no tenía una opinión firme al respecto, así que se limitó a escuchar a sus padres: -Qué país es éste que permite que se mate a los más indefensos –soltó su madre-. Su padre tampoco reprimió su pensamiento: -Vivimos con una parte de la sociedad que favorece la discriminación a personas con discapacidad, a niños que nacerían con enfermedades, privándoles ni más ni menos del derecho a la vida. A las mujeres embarazadas hay que protegerlas y acompañarlas, al igual que cada niño que nace, tenga o no algún tipo de incapacidad. Pero seamos realistas. Lo cierto es que pasar de cien mil abortos (en España) a cero va a llevar mucho tiempo y lucha: suprimir la esclavitud nos ha llevado dos mil años… Las cosas serían de otra manera si los hombres que dejan embarazadas a las chicas asumieran su responsabilidad. Por eso creo que la causa del aborto tiene un gran componente machista. Y también feminista, porque: ¿Y si el padre de la criatura quiere seguir con el embarazo? Esto es cosa de dos, ¿por qué no tiene el papá derecho a decidir -como la mamá- sobre el futuro del niño?- .

Álex preguntó a sus amigos la opinión que tenían al respecto. Lo que parecía un consenso era que el aborto es muy tentador en situaciones difíciles, como ocurre en un embarazo no deseado entre gente joven, y se puede pensar que la solución rápida para resolver el problema es abortar. Pero, en opinión de Luis, eso es una falacia: -Las mujeres que abortan pronto detectan que sus problemas acaban de empezar. Se encuentran con reacciones psicológicas con las que no contaban: recuerdan con frecuencia el momento del aborto muy intensamente y sueñan mucho con niños pequeños. En Red-Madre  (una asociación que lucha por proteger y ayudar a la madre que se ha quedado embarazada y no desea abortar-) viven varias experiencias sobre esto. La mayoría de las mujeres que abortan quedan marcadas por esa experiencia para el resto de sus vidas. ¡Y es que las mujeres no son asesinas! Las mujeres pueden ser madres, y uno de sus instintos más arraigados es el de proteger a sus hijos. El aborto va contra ese instinto, contra el sentimiento más inquebrantable de una madre, y le arrebata su misión más profunda: cuidar de su hijo. El famoso doctor Rue, experto en este tipo de situaciones, ha contado hasta veintidós estudios distintos que demuestran que la mujer sufre graves trastornos psicológicos después de un aborto. Esos trastornos van desde el sentido de culpabilidad y el remordimiento de conciencia y la depresión, hasta la adicción a las drogas, la desesperación y el suicidio-.

Juan propuso como solución ante una situación desesperada la posibilidad de dar en adopción antes que matar a un hijo: -La adopción puede suponer una muestra impresionante de amor por un hijo, porque sería algo así como decirle: «Te amo tanto que deseo lo mejor para ti y, como yo no puedo dártelo, te entrego a una familia que sí lo hará»-.