Capítulo 6. ¿Cuál es la realidad del «sexo seguro»?

Fue en clase de Biología con el profesor D. Juan Luis cuando Álex se enteró de que tener relaciones con desconocidos incrementa el riesgo de contraer enfermedades por transmisión sexual. El profesor hizo una magnífica presentación de estas enfermedades. Lo que Álex recordaba era lo siguiente:

– Que el Sida se transmite por el intercambio de fluidos corporales –sangre y semen-, y es incurable en todos los casos.

– Que el herpes produce unas ampollas muy dolorosas en zonas muy sensibles e íntimas del cuerpo. Es incurable, muy contagioso y se transmite a través del contacto sexual.

– Que el Virus del papiloma humano es un virus contagioso que causa unas verrugas en los genitales que acaban siendo malignas, provocando frecuentemente el cáncer del aparato reproductor, y que es el motivo más frecuente de las visitas a los ginecólogos.

– Que la clamidiasis es una infección bacteriana y, por tanto, se puede curar, pero como casi no tiene síntomas, no se suele detectar. Según parece, el setenta por ciento de las mujeres que la padecen no lo saben, y esta enfermedad puede dañar muy seriamente el aparato reproductor: la primera infección reduce en un 25% las posibilidades de ser fértil; la segunda, al 50 %; la tercera, al 75 % y la cuarta prácticamente las elimina-.

“¿Por qué no se habla de estas enfermedades con más frecuencia?” –se preguntaba Álex-. “¿Sabe la gente los riesgos a que se expone cuando tiene relaciones íntimas con extraños?”.

Seguía Álex recordando a este profesor, y se acordó de cuando habló aquélla vez del preservativo… Fue impresionante, tanto por el contenido como por lo increíble que resultaba descubrir cuánto se disfraza la verdad cuando no interesa hablar de ella. A todos dejó boquiabiertos: “El látex del preservativo suele tener una anchura de cinco micras, lo que impide que el semen pase a través de ella –lo hace a partir de diez micras-. En cambio, el virus del Sida es cuatrocientas cincuenta veces más pequeño que una unidad de semen, es decir, ¡que pasa a través de un agujero de 0,1 de micra!, y lo mismo pasa con los virus del papiloma humano o el herpes, que tienen un tamaño semejante”.

“¡Joder, como para fiarse de un trozo de látex!” –concluyó Álex-. A continuación encontró en Internet una comparativa de los tamaños del espermatozoide y los virus más comunes de las enfermedades transmitidas sexualmente, tomado de la Universidad de John Hopkins, Population Reports, Vol. XVIII, No. 3, Series H, No.8, Septiembre de 1990. De este informe se puede sacar la siguiente conclusión: “El espermatozoide humano solamente se puede ver bajo un microscopio muy potente. Millones de ellos son expulsados durante el acto sexual. Estos se escapan a través de pequeñas grietas o fisuras microscópicas que tienen los preservativos con bastante frecuencia como para causar un embarazo, lo cual hace del preservativo un método poco efectivo para prevenir los embarazos. Si el espermatozoide puede escapar, ¿cuánto más fácil no será para los otros virus, en particular el virus VIH, mostrados arriba, en la escala de comparación?

Nota: El espermatozoide mide cerca de 3 micras (milésimo de milímetro) en la parte superior (cabeza); y el virus de VIH cerca de 0.1 micra que es 1 diez milésimas de un milímetro”.