Capítulo 5. ¿El sexo da amor?

A Álex le era consabido el hecho de que mucha gente no espera a casarse para tener relaciones sexuales. Ya, a los dieciséis años, algunos compañeros se habían acostado con una chica, o al menos era lo que decían. De uno oyó decir que su novia y él estaban pensando en tener relaciones íntimas bajo la consigna “porque nos queremos mucho”.

Esta vez quería hablar de esto con su padre. “Papá, hoy día casi todo el mundo hace el amor antes de llegar al matrimonio, porque no es necesario casarse para hacerlo”. El padre, esta vez sin escandalizarse, le dio su opinión: “Álex, es verdad. De hecho, los que lo hacen, es porque necesitan amor, y el mundo de hoy nos ofrece muy poco amor del bueno, del auténtico. Pero la verdad es que es fundamental, pues hemos sido creados para darlo y recibirlo. Tenemos una necesidad tan grande de amor verdadero que, cuando no lo encontramos, requerimos ansiosamente un substituto, y el ambiente –con canciones pegadizas, películas románticas, series, anuncios, etc.- nos dice constantemente que encontraremos amor en el sexo. Se utilizan las expresiones ‘hacer el amor’ y ‘sexo’ como si fueran sinónimas. Yo creo que es mentira. El sexo no ‘proporciona’ amor, no ‘origina’ amor. El sexo no es más que eso, sexo, y si no había amor antes de tener relaciones sexuales, dudo que lo haya después. Hijo mío, cuando las relaciones se falsean, se da un círculo vicioso muy corriente: las chicas ofrecen sexo para obtener amor y los chicos dan amor para obtener sexo”.

Álex se quedó pensando. Y sonrió. Por un momento, la brecha que había hasta ahora entre su padre y él se había difuminado. No había sido difícil, así que decidió seguir experimentando este gozoso encuentro, proponiéndose seguir preguntándole sobre temas que le preocupaban o no entendía, también en relación al sexo. “La verdad es que eso de que «me acuesto con ella para demostrarle mi amor» no se lo cree nadie; lo que se busca en el fondo es pasar el rato y ya está” –pensaba Álex-.

Álex quería tratar con dignidad a Carlota. Pero eso de ‘con dignidad’ había que matizarlo. ¿Hasta dónde podía llegar con ella en un noviazgo serio, respecto a la sexualidad? Porque para él, Carlota era importante. Álex acudió de nuevo a su mentor y amigo Luis. Como siempre, Luis se mostró disponible y éste le dijo: “Una cosa es el cariño, y otra bien diferente la pasión. El cariño es bueno, es nuestro modo de manifestar externamente nuestro afecto, lo que sentimos por esa persona y que pretendemos tratarl@ con cuidado y delicadeza. Y su expresión se da, por ejemplo, en los besos, los abrazos, los cumplidos, el ir de la mano… Pero otra cosa es ir más allá y buscar la excitación, por ejemplo, tocando las partes más íntimas del cuerpo del otro. A eso yo lo llamaría pasión, que es necesaria para dar origen a la unión sexual en el matrimonio, y ‘juguetear’ con ellas es parte del acto sexual. Y hay besos y besos; unos que manifiestan cariño, y otros que buscan excitación; hay besos que muestran dulzura por el otro, en la intimidad, y otros que parecen que se dan para informar a los demás de que “ésta es mía”. Yo creo que reconocer el límite de hasta dónde llegar en un noviazgo respecto a la sexualidad es tan sencillo como plantearse, con honradez, si “eso” que estás pensando hacer va a ayudar a que la relación sea pura, verdadera, auténtica y sincera”. Luis continuó: “¿Dónde está el límite? Imagínate que tu futura esposa, la futura madre de tus hijos que aún no conoces, está saliendo ahora mismo con un chico. Pues bien: lo que no te gustaría que ocurriera en esa relación te ayudará a entender dónde está el límite entre el cariño y la pasión”.