Capítulo 4. Cuando la imaginación nos engaña

Álex quería mejorar sus calificaciones en la carrera. Ya estaba harto de ir buscando el aprobado después de pegarse varias horas estudiando. Este pensamiento le vino después de que Luis le hablara de que el éxito en la profesión era consecuencia, entre otras causas, de ser diferente a los demás, y que tenía que pensar en cómo él crearía valor allá donde fuera. “¿Cómo esperas ser escogido en una entrevista entre varios candidatos? La carrera universitaria ya no es un diferencial para distinguirse de otros”. Así que Álex pensó que debía aspirar a mejorar sus notas y dedujo que era cuestión de dedicar más tiempo e ilusión de lo que venía invirtiendo.

Pasaron tres semanas y una vez finalizados los exámenes, se frustró al ver que los resultados no eran los esperados. Concluyó que el inconveniente esta vez se debía a que no aprovechaba bien el tiempo que estaba dedicando, ahora mayor que antes: “Me siento dos horas, pero realmente es como si estudiara una”.

Se lo comentó a su amigo Luis, que después de explicarle durante un buen rato algunas técnicas de estudio para rendir mejor introduciendo el concepto de  “estudio activo” que implica enfrentarse a un folio en blanco y llenarlo de contenido, le preguntó: “Álex, cuando te distraes mucho, ¿en qué piensas?”. Sonriendo, Álex levantó las cejas repetidamente, como si fuera obvio lo que quería decir. Luis frunció el ceño y se le quedó mirando en silencio como dubitativo para, segundos después, escupirle un: “¡Serás puerco! Bueno, por lo menos eres sincero. Efectivamente, los pensamientos impuros vienen muchas veces al cabo del día, más cuando se está solo, aburrido, perdiendo el tiempo o haciéndolo perder”.  Luis continuó: “Lo fundamental es lo que dejamos pasar por nuestra mente, porque de ahí surgen nuestras acciones. No es inmoral tener pensamientos impuros, pues somos humanos y a veces entran en nuestra cabeza sin pedir permiso, aún más si tenemos en cuenta el bombardeo de anuncios sensuales en el que nos vemos sometidos. ¡Y no vamos a estar viviendo eternamente en un sótano oscuro!  Pero como dijo Martin Luther King: «Nadie puede evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan su nido en ella», ¿entiendes qué quiero decir?”.

Álex seguía sin ver el lado pecaminoso de consentir esos pensamientos impuros, en tanto que, aparentemente, no ofendían a nadie. Y así se lo expresó a Luis, a lo que éste le dijo: “Partamos de que el sexo es un vehículo fundamental de comunicación del amor entre los esposos.  Cuando estás solo deleitándote en pensamientos impuros, ¡no te comunicas con nadie! Se diría más bien que estás usando el sexo para transformarlo en un placer egoísta, en la que participa una persona que sólo ‘existe’ para hacerte disfrutar. Claro, eso es más cómodo, porque al no ser real, no tienes por qué preocuparte por ella. La imaginación ve siempre las cosas como le interesa: ni existe compromiso, ni las cosas están perturbadas, ni hay riñas. Y esto puede estropear tus relaciones de pareja, las verdaderas, las reales. Porque la gente suele tener grasa acumulada en distintas partes del cuerpo y las chicas no siempre son encantadoras”. Álex le observaba detenidamente. Finalmente, Luis le terminó diciendo: “Dar rienda suelta a la imaginación puede hacer que te obsesiones con lo físico y seas incapaz de reconocer la belleza de lo espiritual: el interior de las personas, sus inquietudes, sus preocupaciones, sus objetivos, sus sentimientos…  La atracción sexual existe, muchas veces con personas desconocidas con las que no tenemos algún compromiso, pero no hay que perder el verdadero sentido que tiene y las consecuencias que conlleva, como la unión en el tiempo de los esposos y el poder de crear personas para la perpetuación de la especie humana. Creo que, en algunas ocasiones, ese deleite en los pensamientos impuros se consienten por diversos motivos: para compensar el aburrimiento o algún problema más o menos serio que nos preocupa, como si el problema se fuera a solucionar así, pero el problema sigue y lo que nos daría verdadera paz es afrontar esa situación, en vez de intentar escabullirse de ella. En otras ocasiones se pretende compensar un esfuerzo o una tensión acumulada, como si la impureza fuera un desahogo. Lo que yo aconsejo es ser más humilde y considerar que el esfuerzo realizado era el que teníamos que hacer, el que se esperaba de nosotros, y en momentos de tensión, hacer otras cosas, como hacer deporte o charlar con alguien, aunque sea por el móvil, evitando hacer aquello que sabemos que no está bien y que nos deja vacío y solos”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s