Capítulo 3. Ver ‘porno’ hace daño

A Álex el tema de la pornografía le alarmaba un poco. Sabía que con Internet se podía ver “de todo”, y como lo que veía era espectacular, más quería ver. No sabía cómo cortar con este problema, pues con el smartphone, el iPad y el portátil a mano, parecía imposible no dejarse llevar por los instintos bajos.

Pensaba que “todos” veían ‘porno’ y así en parte se justificaba. Aunque sabía que eso no estaba bien y podía ser una de las causas de esa tristeza y esa incapacidad para querer a los demás.

Como no sabía cómo planteárselo a su amigo Luis, le dijo algo así como: “A ver Luis, sobre la pornografía, ¿qué?… quiero decir, ¿si no hace daño a nadie?…”. A Luis le entró la risa floja y como si se tratara de una pregunta de extrema cotidianeidad, le contestó con sencillez: “Me estoy acordando de la época en la que fui profesor de Secundaria nada más licenciarme. Fueron unos años en los que aprendí la importancia de cuidar la afectividad desde joven y me empecé a interesarme en el asunto. Si te digo la verdad, veía continuamente a muchos chavales que, de la noche a la mañana, evitaban la mirada; parecían más tristes, más insensibles… y no es que tuvieran un problema grave en casa. Muchos de ellos estaban explorando con la sexualidad, a veces recurriendo al ‘porno’. El sentimiento de culpa y la irascibilidad se volvían sus compañeras de viaje. Cuando se viciaban en el ´porno’, esa búsqueda de placer constante les llevaba a imaginarse un mundo irreal en el que los demás eran como marionetas que debían moverse a su antojo. Los problemas de conducta, por la falta de autocontrol, se convertían en el pan de cada día. Ellos sufrían, porque se daban cuenta de que su comportamiento era inadecuado. Y la verdad es que no querían hacer daño a nadie. Pero, como si fuera inevitable, lo hacían. Además, cuando se referían a las chicas, parecía como si pensaran que fueran objetos”.

Álex atendía con los cinco sentidos, pues de alguna manera se veía reflejado en lo que decía. Luis continuó: “Y si nos referimos a este problema en los matrimonios, imagínate lo que está pasando: se dan conflictos matrimoniales porque el hombre está acostumbrado a ver cosas ‘impresionantes’ que nada tienen que ver con la vida real, y luego ocurre que no se produce la excitación necesaria para el acto sexual con su mujer, pudiendo convertirse el matrimonio en una gran amargura para ambos. Por eso, ver pornografía es un camino seguro para fracasar en el matrimonio, sobre todo si se habitúa a la idea de que la mujer siempre está disponible sexualmente, con un físico siempre perfecto. Y eso es mentira: la mujer realmente no se comporta así. Por eso creo que la pornografía no aporta nada. Si enseña algo, es a sacrificar a la mujer para usarla. Ves un cuerpo desnudo, pero realmente, es el cadáver del corazón de una chica. Así que, querido Álex, no frivolices con la idea de que no hace mal a nadie: ¡te haces daño a ti mismo!”.

“Vaya… Ya empiezo a darme cuenta de que no sólo se trata de una cuestión que parece naturalmente inconveniente, sino que su maldad tiene sus raíces más profundas” –pensó Álex-.

1 Comment

  1. ya me he leido su blog Don David, es bastante bueno, el mes que viene leeré el siguiente capítulo. un abrazo de su alumno de ecocomia “el pureta”

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