Capítulo 11. “¿Me gusta, o la quiero?”

Aunque Álex estaba centrándose en los exámenes finales, también pensaba en Carlota. La verdad es que hasta ahora no había conocido a una chica tan divertida. Además, era muy guapa. Lo que más le gustaba era que se riera a carcajadas con él. Le gustaría salir con ella en serio, sin tonterías y rollos. Quería tratarla como se merece. Pero no sabía qué implicaría ser su novio en el “día a día”. Luis le hablaba del noviazgo siempre que Álex se lo sugería: “Ser novio significa querer encontrar a la mujer apropiada. Es un paso previo –fundamental- al matrimonio… ¿Sabes qué? desgraciadamente, muchos matrimonios se rompen en sus primeros años, entre otros motivos porque ha habido una falta de madurez que lleva a confundir amor y enamoramiento. Los sentimientos duran muy poco y a Carlota, esa princesa con la que sueñas todos los días, le huelen los pies y tiene mal aliento por las mañanas” -Álex se desternillaba de risa-. “Los sentimientos, por definición, son un vaivén: por eso no podemos decidir el objeto de nuestro amor eterno, de nuestro cariño, atendiendo únicamente a los sentimientos. El amor se construye cada día con la voluntad de querer más y mejor a la persona amada y eso no depende únicamente de los sentimientos. Éstos son importantes, son parte de la naturaleza humana, pero no deben condicionar nuestro comportamiento. A veces, el cariño, el sentimiento, se va, también entre personas casadas. Me viene a la memoria un cortometraje sobre un matrimonio que había perdido la ilusión entre ellos y él, que al principio estaba dispuesto a romperlo, como finalmente no quería dejarla, se comportó como un hombre enamorado: le invitaba a cenar en la calle, iban al cine y luego paseaban, le daba de comer sus postres preferidos…, y  ¿sabes qué pasó al final?: acabó convirtiéndose de nuevo en un hombre enamorado”. Álex empezaba a entender que el amor, como todo verbo, expresa una acción animada por la voluntad.  “Entonces, sólo cuando hago algo bueno por alguien, estoy amando” –se dijo Álex-.

Ahora, la cuestión era saber si Carlota era una amiga más, una amiga especial, o debería verla como alguien más importante, pues la diferencia significaba -en la práctica- dedicar más tiempo y cariño. “Pero, ¿cómo elegir a una de entre todas?” Álex seguía cavilando sobre el asunto. Comentaba a Pedro, su amigo del alma: “Es obvio decir que no hay nadie perfecto. Ni por su inteligencia, ni por su corazón, ni por nada. Lo cual no significa que tenga que quedarme con la primera persona que me guste, ¿no?”. A propósito de esto, Pedro le recordó del colegio una clase sobre Afectividad con D. Antonio, en la que se leyó en un texto: “Los amigos están siempre uno al lado del otro, mirando al resto del mundo, mientras que los que se aman están uno frente al otro, mirándose mutuamente”. “Álex, ¿te acuerdas de quién era esa frase?” -preguntó Pedro-. “Sí, esa frase era C.S. Lewis” –contestó Álex, que siguió hablando-: “Qué buenas las clases de D. Antonio, tío. ¿Te acuerdas cuando el profesor puso un trozo de la película ‘Mejor Imposible’? yo me quedé con una conversación que me marcó. En la escena, Jack Nicholson está enamorado de Helen Hunt, y aquél le dice: “Tú haces que quiera ser mejor persona”. Sabes Pedro, así entiendo yo lo que tendría que ser el amor verdadero entre dos novios, la señal inequívoca de que el noviazgo es auténtico: que el otro consiga que yo mejore”.

Álex, ya en cuarto de carrera, estaba pensando en hacer un curso en el extranjero, con la beca Erasmus, pero no sabía si era un buen momento para irse, pues con Carlota todo iba genial. Con esta idea, se fue a ver Luis, esta vez quedando en un bar cerca de la rotonda El Litri. “Pero Álex, ¿qué tienes que ofrecer ahora? Si la quieres, debes ser capaz de prepararte para poder brindarle algo con fundamento. No puedes condicionar la formación y el futuro profesional por tu relación actual. Si Carlota te quiere, que espere”. Álex meditaba esta consideración, pues tenía su parte de verdad. De todas maneras, aún no tenía certeza de que Carlota fuera la mujer de su vida. ¿Estaría empleando bien el tiempo cuando estaba con ella? ¿Se tendría que preocupar de otros asuntos más importantes para su futuro?

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