Capítulo 1. De la apatía a la entrega

Álex, que está terminando el bachillerato, está pasando por un mal momento. Parece como si el aburrimiento lo hubiese inventado él. “Qué peñazo de vida” era el pensamiento más positivo que pasaba por su mente. Su padre estaba todo el día trabajando, o al menos, era lo que pensaba. Y su madre siempre tenía tiempo para su hermano pequeño- Marcos-, “su favorito”, que lo trataba con mimo, no como a él, que se dirigía con caras largas, mandatos y constantes recordatorios de lo que debería estar haciendo. Evidentemente, Álex sentía celos de su hermano.

Se encontraba falto de afecto: se sentía solo. Pero es que él tampoco ayudaba: no hacía nada por nadie… Y como intuía que amar supone fuertes dosis de esfuerzo, le apetecía poco intentarlo. Sin embargo, paralelamente, le venía a la cabeza el siguiente pensamiento: “me encantaría querer a alguien hasta dar mi vida por ella, entregarme hasta la muerte por alguien que lo merezca”. Esta ilusión se le antojaba con frecuencia y desde muy pequeño, cuando ya con diez años decidió amar a Laurita y casarse con ella, propósito que se desvaneció cuando descubrió que ella estaba interesada por Juan, el alto del grupo.

El problema de Álex se resumía así: estaba muy centrado en sí mismo. Si me diese la oportunidad, le diría algo parecido a esto: “Álex, si quieres ser feliz, si quieres sentirte mejor, trabaja para los demás. Cuando estudies, hazlo por tus padres. Cuando se te pida algo, hazlo ya, porque quien te lo pide sabe que puedes hacerlo y tú, cuando lo hagas, aunque te haya costado, te alegrarás, porque sabrás que se puede confiar en ti y en tu disponibilidad, porque sirves a los demás. La paradoja de la felicidad es que empieza a llegar cuando uno se olvida de sí mismo”.

Viktor Frankl, un pensador del siglo XX muy famoso, que fue psiquiatra y neurólogo, sobrevivió durante tres años a un campo de concentración nazi donde murieron su mujer y sus padres. En 1945 escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido. En esta obra expuso que, incluso en las condiciones más extremas de sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir basada en su dimensión espiritual, en su vida interior, que lo conduce a dotar de sentido y propósito a las propias acciones, a su existencia. Una vida interior que, por poner algunos ejemplos, permite poder encontrar el disfrute en la experiencia cotidiana, a pesar de las contrariedades; contar con un sistema de valores con el compromiso de aplicarlos; centrarse en algo que va más allá de uno mismo; en definitiva: trascender. Fue doctor en filosofía y recibió veintinueve doctorados Honoris Causa por distintas universidades -un auténtico genio-.

Según Frankl, lo que realmente mueve y da felicidad al hombre es encontrar y dar culmen al sentido de la propia vida, y esto tiene que ver con la elección que hace uno del objeto de su amor. Su propósito fue hacernos ver que un hombre, prisionero de circunstancias ajenas, que no controla ni dependen de él, puede elegir, aunque sea interiormente -lo que nace del corazón: la actitud, la ilusión, el compromiso- y que su espíritu no está determinado ni por aspectos heredados ni por aspectos externos incontrolables. Al final de su ensayo concluyó que muchas enfermedades mentales vienen por falta de compromiso, es decir, cuando el hombre elige no amar.

Álex, como otros muchos jóvenes, son conscientes de que, en el fondo, tienen miedo a comprometerse, a tomarse en serio su vida: sus estudios, sus padres, sus hermanos, sus amigos, sus aficiones, su relación con Dios… De los estudios, procuran salir airosos con un cinco o un seis miserables. A veces, les basta con atender en clase y no llamar mucho la atención -para que el profesor no le coja “manía”-, con lo que consiguen salvar el curso. Pero es esta actitud la que les hace ser unos infelices: porque hacen las cosas con mediocridad, sin darse.

Querido Álex: salir de esta actitud, ¡depende de ti!. Comienza a vivir plenamente, sin buscar hacer cosas grandes ni raras. Sencillamente “estando” en lo que haces, en lo ordinario de cada día: estudiando mucho, aprendiendo idiomas, ayudando en casa con varios encargos, acompañando, escuchando, sirviendo… así empezarás a tener una vida auténtica, una vida de verdadero amor.

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