Entrevista publicada en diferentes medios de León

Estoy muy agradecido a Alfonso del Río, periodista en León, por la entrevista realizada y por su inmensa colaboración para publicarla en diferentes medios digitales, como Astorga Digital, Religión Digital, Laciana Digital y El Faro Astorgano. A continuación, la entrevista íntegra:

David Cercas es sevillano, licenciado por la Universidad de Sevilla en Administración y Dirección de Empresas y cuenta con un MBA Executive y un postgrado en Matrimonio y Educación Familiar. Además, es experto en el desarrollo armónico de la identidad personal. Lleva 17 años en el sector educativo en distintos colegios de Andalucia, como profesor y asesor familiar. En el año 2015 puso en marcha un blog llamado «Vagón para 2», que cuenta con un gran número de visitas.

¿Qué es el blog «Vagón para 2» que tanto éxito está teniendo?

Es un blog educativo que creé en el año 2015, cuando era subdirector de un colegio en Huelva y ya teníamos cuatro hijas. Su misión original es la difusión de ideas para que los padres puedan atinar mejor en la educación de los hijos en sus distintas etapas por medio de breves artículos.

Pronto empecé a escribir para ayudar a los alumnos más mayores y universitarios a llevar un noviazgo libre y responsable, y nació el personaje de Álex, un chaval de bachillerato que se enamora, sueña con el amor verdadero, sufre el desamor… y que se cuestiona muchos planteamientos actuales sobre cómo vivir la sexualidad, contando con la ayuda de un amigo adulto casado con el que empieza a trabajar. Así nacieron trece breves artículos en el apartado del blog Noviazgo, cuyos títulos sugieren el contenido que se va a tratar, muy cortos pero densos, que requieren una lectura pausada y, lo mejor, ser compartidos con el novio/a para favorecer los diálogos que, a mi juicio, son necesarios tener para poder conocerlo mejor, pues «con quién te casas» es la decisión más importante que se pueda hacer: el comienzo de una vida de entrega e ilusión, para crear un proyecto de vida de amor a través de la familia.

Finalmente, empecé a leer muchos libros y seguir conferencias sobre el amor matrimonial, principalmente para mi formación personal, y desde entonces, surgieron artículos sobre cómo cuidar y proteger mejor el cariño con el cónyuge.

El blog ha ido evolucionando y actualmente ofrezco mis servicios como formador educativo para colegios, asociaciones de orientación familiar, universidades y clubes, en formatos presencial o videoconferencia, de forma grupal o personal, y como consultor matrimonial, para ayudar a tantas parejas con dificultades que consideran que necesitan ayuda externa para fortalecer el vínculo en épocas áridas, cuando es más difícil sentir el afecto por el otro.

Usted tiene mucha experiencia en el trato con jóvenes. ¿Qué demandan de la familia y de la sociedad actual?

Los jóvenes necesitan sentir que se les quiere, y eso suele ocurrir cuando pensamos en ellos, valoramos sus esfuerzos y no tanto los resultados, y estamos cerca de ellos para dirigir su formación y estimular sus cualidades, siendo firmes en los límites que hemos pactado sus padres -de manera conjunta- porque el gobierno de la casa y de la educación de los hijos es de los dos, de papá y de mamá.

Tenemos que dedicar más tiempo a las personas que queremos, los que están en nuestro ámbito de influencia y de afecto, y eso implica renunciar a otras actividades y acciones -muy buenas y lícitas- para dedicar más tiempo y capacidad a nuestra familia principalmente, porque para amar no se puede estar agotado. La conciliación del trabajo y la familia siempre será un reto en cada matrimonio. Pero es una batalla que merece la pena tener. ¿Estoy haciendo de verdad lo mejor para mi familia y mi cónyuge? Si todos lo hiciéramos, la sociedad no viviría con tanta soledad y tristeza, porque saberse querido es lo único necesario para combatir cualquier dificultad, incluso cualquier tragedia.

A su juicio, ¿hay crisis en la familia?

El hombre, desde que nace hasta que muere, es un ser indigente y necesita constantemente de los demás. Somos seres cronológicos, sujetos al tiempo y a la evolución personal. Estamos condenados a crecer: no solo físicamente, sino interiormente, espiritualmente. Y en la vida siempre se nos presentan retos, dificultades no previstas, e incluso cuando éstas acontecen no son como nos imaginamos. Por tanto, siempre tenemos pequeñas “microcrisis” que resolver. ¿Y cuál sería el mejor lugar para sobrellevarlas, para superarlas con la lucha personal que ello conlleva? Pues en mi opinión en el seno de una familia, la gran escuela para afrontar con alegría cualquier dificultad, desde el amor, la generosidad, la sinceridad, el sacrificio personal… Pero no todos lo ven así, y tratan de imponer nuevos modos de familias, estableciendo la libertad individual como el bien supremo, cuando, siendo un gran bien, debe estar al servicio del amor. En una familia, la libertad se entrega, porque el amor, que limita la libertad, aumenta la felicidad. Decía Chesterton: “Quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”.

¿Las parejas actuales están preparadas para tener hijos y darles la educación debida, para que se desarrollen en la actual convivencia y sociedad?

Somos la generación mejor preparada para el acceso al mercado laboral y al emprendimiento y creación de empresas, porque desde que nacimos ha sido el anhelo de nuestros padres, que se han sacrificado para darnos la mejor educación, para ser competitivos y estar a la vanguardia de la formación intelectual. Pero esto no nos asegura que estemos capacitados para amar y saber construir una nueva familia.

El hombre y la mujer tienen que entrenarse, prepararse en la virtudes, competencias y actitudes que el amor exige. José Noriega, en su libro El Destino de Eros, pone un ejemplo muy gráfico: para torear no basta la generosidad de lanzarse al ruedo y exponerse al toro; uno ha de estar cualificado, y ha de haber adquirido las destrezas suficientes para enfrentarse a esa situación concreta, destrezas que, naturalmente, irá desarrollando a lo largo de su carrera taurina, pero que precisa ya en un grado mínimo y cuya ausencia le hace inepto para practicar ese arte con éxito.

Pues bien, en el terreno del amor nos la jugamos mucho, porque hacerse inepto para el amor es tanto como inutilizarse como persona, dado que lo esencial y conclusivo de la persona humana es su capacidad de amar.

Dicho esto, concluyo que hay matrimonios perfectamente cualificados para la tarea de quererse y educar a los hijos, y otros que muestran serias dificultades porque no se han entrenado en etapas anteriores: necesitan contar más con una red de apoyo como es el colegio y sus familiares más próximos.

En la enseñanza actual, tanto en colegios como en otros centros, además de enseñar, ¿se educa?

Yo creo que las palabras educar, exigir y libertad van de la mano. Yo antes de responderte, me haría dos preguntas, como padre y como profesor. Una sería ¿educar para qué?, y la otra, ¿la libertad para qué? En los colegios donde he trabajado, colaboramos en la educación de los hijos para que sean personas libres, porque solo, si son libres, pueden ser felices. Y la libertad, como todo lo valioso, hay que educarla. Para mí, educar -como lo oí una vez de un compañero- es sacar de ti tu mejor tú. O sea, ayudar a alcanzar su propia perfección. O dicho de otra manera: ayudar a descubrir la alegría de la cosa bien hecha.

No podemos olvidar que la educación es un proceso intencional: ¿Qué quiero conseguir con este hijo? ¿Cómo quiero que sea? ¿Cómo lo quiero educar? Esto exige pensar un proyecto educativo, familiar, que se va concretando en planes personales de mejora con cada hijo, con cada alumno: adaptándonos “como un guante a la mano” a su manera de aprender. En definitiva, los educamos porque los queremos. Además, es importante contar con el trabajo asiduo y cercano con los padres -los verdaderos protagonistas de la educación de los hijos- y con sus propios hijos, a través de entrevistas personales y profesionales, siguiendo el proceso educativo, que se podría resumir en los siguientes pasos:

  1. Enseñar. Ofrecer la verdad y ayudar a descubrirla. Partiendo de que el descubrimiento es siempre algo personal. Nosotros, los educadores, hemos de ser amigos de la verdad. Y la verdad como decía Machado: “Tú verdad no, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.
  2. Hacer pensar. A su nivel, hacemos que el hijo piense, y así las cosas tendrán sentido para él. Buscamos un diálogo, con la verdad -antes citada- para que luego tenga argumentos para la propia vida.
  3. Ayudar a poner el corazón. Hay que disfrutar, descubrir la alegría de la obra bien hecha. No podemos olvidar que el mundo afectivo tiene gran valor en la vida personal de cualquiera. Al poner el corazón, digamos que anticipo -con la imaginación- la posesión de ese bien: por fín lo veo posible y entonces puedo poner ilusión.
  4. Fomentar la decisión. Decisiones personales que se convierten en compromisos. Compromisos conscientes de la renuncia y el esfuerzo que suponen. Conscientes de que vale la pena.
  5. Ayudar a concretar. Hacer posible en su vida de hoy lo que él quiere, lo que él espera. En definitiva, ayudarle a triunfar.
  6. Acompañar. Acompañar en el esfuerzo, sin suplantar. Ayudar a descubrir los logros, y ver el camino ya recorrido. Alentar ante las dificultades, combatiendo el desaliento. Y para esto, confiar. Y para confiar, confiar. Contar con el tiempo.
  7. Exigir. Que no es otra cosa que enfrentar a cada uno con su propia responsabilidad, con lo que él ha decidido. Con sentido positivo, sin aplastar con la responsabilidad. La responsabilidad digamos que es la otra cara de la libertad. Al fin y al cabo, se corrige a quien se ama.

¿Cómo piensas que el varón debe abordar la corresponsabilidad dentro del matrimonio?

En mis charlas a los padres, hablo mucho del papel del padre y su importancia en la educación y en la familia. Padre y madre son distintos, de eso no hay duda. En el trabajo de la casa (tareas domésticas y cuidado de los hijos) no hay una fórmula magistral válida para todas las familias, pero sí un criterio: la responsabilidad es de ambos por igual, y el amor y la idea de servicio debe ser el telón de fondo. En cuanto a la realización concreta de este trabajo (tareas domésticas y cuidado de los hijos) se realizará según las posibilidades de cada uno.

Hay que distinguir dos tipos de tareas: las relacionadas con el ser, y las relacionadas con el hacer. Las relacionadas con el ser son exclusivas de cada sexo: en el caso de la mujer, la maternidad (concebir, alumbrar, amamantar). Las tareas relacionadas con el hacer, como son: limpiar, cuidar de los niños, cocinar… pueden ser realizadas por ambos sexos y compartidas por ambos cónyuges. Es más, pueden ser intercambiables a lo largo de la vida matrimonial; es decir, la misma actividad puede realizarla uno y otro dependiendo de lo que haga falta en cada momento.

Lo que refleja en un matrimonio su masculinidad y su feminidad no es tanto lo que hacen sino cómo lo hacen, con sus maravillosos y distintos matices que aportan tanto a la riqueza de la familia y a la psicología y madurez de los hijos. «La casa es de todos» y sólo con el planteamiento de sacarla adelante entre todos, haciendo en cada momento, cada uno, todo lo que pueda hacer, las cosas salen, sin planteamientos absurdos e inútiles de lucha de sexos. Viejas mentalidades de pensar que en la casa mandan los hombres porque son los que han de mandar o, al revés, que la casa es cosa de mujeres y que el hombre está para otras cosas, son fuentes de conflictos.

En la educación y formación de los hijos, el papel del padre es fundamental. Parafraseando a Calvo (2014), un padre naturalmente:

  1. Es directo. Pone claro sobre oscuro ante un conflicto porque tiene esa facilidad de esclarecer las ideas separando lo esencial de lo accesorio, evitando mezclar diferentes asuntos relacionados, centrándose en los hechos. Digamos que va “al grano”.
  2. Permite la frustración. Los niños necesitan que alguien les prive de su omnipotencia: no todo llega como uno quiere, ni tiene que llegar ahora, ya. Este sufrimiento es bueno, y sirve de preparación para la vida.
  3. Libera a la madre de su condición hiperproteccionista. Qué suerte poder contar con un padre que facilita la ruptura biológica y afectiva tan desarrollada entre una madre y su hijo. Cuánto bien origina su actuación: la madre por fin descansa de tanto vínculo afectivo, y el niño avanza en muchos campos que le permitirán ser más autónomo.
  4. Impone la raya roja que nunca se debe pasar. Poner los límites es fundamental, y dejarlos bien claros en el decir y en el hacer es necesario, y un papá sabe hacerlo fenomenal.
  5. Es la primera imagen de masculinidad en cuanto a fortaleza contra el sentimentalismo, la independencia contra el apego, el riesgo contra la protección.

¿Qué políticas te parecen más estratégicas, en que línea deberían aplicarse los gobiernos occidentales respecto a la familia y por qué?

Considero algunos principios básicos que tenemos que defender si queremos una sociedad donde impere el orden social, a través de la defensa de la libertad personal y la libre expresión, y son:

La defensa de la vida -como un gran privilegio del ser humano- en contra del aborto y la eutanasia -que imponen la muerte como posible solución a las dificultades-.

La defensa de la familia, que se crea bajo la enriquecedora complementariedad entre varón y mujer, apostando por el protagonismo en la educación del padre y la madre, ambos responsables -por igual- del gobierno de la casa, de las tareas del hogar y de la formación de los hijos y que, por tanto, deben tener la libertad de elegir la educación de sus hijos.

La familia es el principal núcleo vertebrador de nuestra sociedad, es el entorno en el cual se educa a los niños, se cuida de las personas mayores, se atiende a las personas con discapacidad, se apoya a aquellas personas que en el entorno familiar se pueden quedar en paro o están pasando unos momentos difíciles… Es la mayor red de protección social, es la red que nos da libertad y seguridad.

Yo creo que hay que seguir trabajando por la conciliación y la racionalización de los horarios, quizá con más ayuda económica para los padres que sacrifiquen su tiempo laboral por el cuidado de sus hijos pequeños, y para gastos de guardería, colegio y cuidadores profesionales. Es por ello que debería ser un anhelo de los dirigentes algunas propuestas ya conocidas como:

  • Reducir la carga fiscal que soportan las familias más numerosas (por descendientes y ascendientes), y también las monoparentales.
  • Favorecer el acceso a la vivienda para familias numerosas en condiciones asequibles en promociones públicas, favoreciendo una vida digna y adecuada, impidiendo la pérdida de vivienda por motivos económicos y fomentando el mercado del alquiler para estas familias.
  • Para incentivar la natalidad, las ayudas económicas por nacimiento y adopción, y mucho mayor si se trata de menores con discapacidad.
  • Finalmente, para esas madres que están en riesgo de exclusión durante el embarazo, un sustento mensual, hasta que puedan valerse con un empleo digno.
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