La planificación familiar con métodos naturales

El hombre es fértil todos los días desde su pubertad. La mujer solo lo es (capaz de tener descendencia) durante seis días al mes -dos o tres días de ovulación, y dos o tres días que puede el esperma durar vivo en el interior del cuerpo de la mujer, antes de la ovulación-. Podemos concluir que, dada la naturaleza de la mujer, la pareja es infértil la mayor parte del mes.

Los métodos naturales de planificación familiar consisten en el conocimiento científico de la fertilidad (usa la inteligencia) y en la decisión libre de la pareja (ejercita la voluntad) de darse en la relación sexual o no durante el periodo fértil, dando posibilidad a un embarazo. Por eso, un matrimonio puede, en conciencia, retrasar el nacimiento de un hijo, o incluso evitar tener otro en el futuro por razones serias.

Estos métodos naturales se basan en la observación fácil -pero diaria- de unos indicadores biológicos que ocurren en el ciclo menstrual: nos referimos por un lado, a la secreción del moco en el cuello uterino que aparece en la vulva, que en el periodo fértil es transparente y filante, dando sensación de humedad; y por otro, a la elevación de la temperatura basal (sólo unas décimas) después de la ovulación, detectando la fase infértil. Con la debida interpretación de estos indicadores, la mujer puede saber cuándo se está acercando la ovulación o cuándo ha ocurrido, y si se encuentra en días fértiles o infértiles. Hay varios libros (o internet) que explican los distintos métodos naturales (hay varios: Billings, sintotérmico,…) y enseñan a ponerlo en práctica e interpretar estos indicadores. Al final de este post propongo un libro verdaderamente bueno.

La planificación familiar es el don y la responsabilidad de una pareja casada de decidir con amor el número y espaciamiento de sus hijos utilizando un medio ético. No comprendo a esos matrimonios que van preguntando a otro si tienen pensado “buscar” a otro hijo: es la cuestión más íntima de una pareja, el secreto más profundo e íntimo que mantengo con mi esposa. ¿Acaso pretenden tratarlo como si fuera un asunto público?

Y para que sea ético este medio de planificación familiar debe respetar a la persona y la naturaleza humana del acto. El apareamiento en los animales en la época de celo (es decir, sólo ocurre en el periodo fértil) responde a un instinto y tiene como único fin la reproducción. Sin embargo, la relación sexual conyugal no es una respuesta a un instinto sino una decisión libre: en ella participa la inteligencia y la voluntad, ya que no es exclusiva del periodo de fertilidad de la mujer. Recordemos que la relación conyugal tiene dos fines: la unión de la pareja (manifestación sublime del amor) y la procreación (lo cual no significa que de toda relación sexual se dé un embarazo, sino una apertura a la vida). Sólo la planificación familiar natural, en la que se respetan los dos fines de la relación sexual, es conforme a la ley natural y, por lo tanto, es ética. De esta manera se tienen relaciones sexuales sin manipulación artificial, y manteniendo su expresión de amor y entrega total sin reserva. Con los métodos naturales se deja intacta la fertilidad. En cambio, los métodos artificiales destruyen temporal o definitivamente la fecundidad de la mujer o en el hombre, o impiden la fecundación por poner barreras, o suprimen la ovulación, pervirtiendo o manipulando el acto sexual al quitarle algo importante de su sentido, impidiendo la procreación y llevando incluso a destruir en ocasiones la vida del embrión. Los métodos naturales respetan la propia naturaleza de la mujer, evitando que se sientan químicamente alteradas por la píldora -cuyo efecto secundario, entre otros, a veces es la disminución de la líbido- y degradadas a objeto del hombre. ¿Por qué no librarse de la tiranía de la tecnología y del abuso excesivo de medicamentos, con la búsqueda de una vida más natural, especialmente en el campo íntimo de la sexualidad y fertilidad? No hacen falta “terceros” para el control mutuo de la natalidad.

Es verdad que abstenerse en los periodos fértiles de la mujer supone autodominio y sacrificio. Pero, ¿acaso no son una manifestación de cariño los sacrificios que son consecuencia de amar más al otro? Estos periodos de abstinencia, cuando hay motivos graves juzgados así por los cónyuges, favorecen el diálogo y la comunicación en otras formas diferentes de la relación sexual. Se abre un periodo donde caben otros modos de amarse, y aquí la creatividad juega un papel clave. Definitivamente, el hombre tiene que participar para mantener la motivación en los momentos de abstinencia, aprendiendo a amar y a sentirse amado con la ayuda mutua.

La eficacia de estos métodos tiene mucho que ver con un aprendizaje correcto, de saber aplicar bien las reglas, de la regularidad de los ciclos, pero sobre todo, de la motivación de ambos cónyuges y su perseverancia en la observación diaria de los indicadores biológicos. Hay varios estudios que hablan de porcentajes de fallos de los métodos naturales, pero sería interesante también medir los índices de felicidad y fidelidad matrimonial como consecuencia de su uso, respecto a los métodos artificiales.

La armonía sexual no es algo principalmente fisiológico, sino que está principalmente en cuestiones psicológicas y morales. Las relaciones sexuales más armoniosas son aquellas realizadas con amor, sin tensiones de conciencia, en una entrega plenamente confiada. Por esto el matrimonio monógamo, indisoluble, abierto a la transmisión de la vida es, sin duda, el que proporciona más felicidad.

Para conocer bien los distintos métodos naturales, recomiendo leer Regulación Natural de la Fertilidad, de Ana Otte, doctora en medicina, de quien he aprendido casi todo lo que sé de los métodos naturales y sus ventajas para vivir una sana sexualidad en el matrimonio.