Cada día para un hijo

Hace dos semanas invitamos al colegio a Fernando Sarráis, médico psiquiatra, que nos habló a los padres de educar a los hijos en el sufrimiento, porque realmente “el que ama sufre”, y al mundo hemos venido a amar y a sentirnos amados. Querer huir del sufrimiento nos lleva muchas veces a dejar de amar: algo impropio del ser humano.

Como tuve la oportunidad de recogerlo en Sevilla antes de dar la conferencia, aproveché para recibir de él consejos más personales, y entre otros, me dio uno que me dejó fascinado, no sólo porque nunca lo había oído, si no porque está cargado de sencillez y lógica, y lo mejor de todo, porque es fácil de ejecutar. Ahora sólo quiero compartirlo, porque creo que a todos los padres de familia, especialmente a los que tenemos familia numerosa, esta propuesta nos puede dar mucha paz y esperanza, ante la complejidad de atender bien a todos los hijos.

Me dijo que todo hijo es especial. Y por tanto, cada uno, en su familia, necesita sentirse así: único y excepcional para sus padres. Yo le conté –perdonad esta confidencia- que tengo cuatro hijas, y que a veces tengo la sensación de no llegar a todas… Y entonces me soltó algo así: “Tienes que buscar la manera de que cada una de tus hijas sienta que para ti ella es muy especial, y yo te propongo que cada día lo dediques a una de ellas”. En seguida le dije: “Pero eso, ¿cómo se hace?”, y me sugirió lo siguiente: “Cada día para una hija. Ese día, para esa hija, es diferente, porque su padre pone mucho más atención en ella. Y entonces le das muchos besos y abrazos, y le dices con frecuencia que la quieres, y le dices que te acompañe a hacer una gestión en la calle (ir a comprar chuches), pero sólo va ella porque ese día es para ella; Y le preguntas, por el camino, si quiere traer a casa a alguna amiga en el fin de semana; Y le preguntas si hay alguna profesora que querría que desapareciera (porque si es así, ya hay un tema del que hablar). Ese día no te prives de darle mucho afecto, porque otros días estarán destinados para las otras hermanas, y cada una tendrá su lugar”. Además, me dijo que cuantos más besos y abrazos les diera mejor, que no los reprimiera, porque así no necesitarán de los besos de “otros” cuando sean algo mayores… “Nadie busca fuera lo que tiene en casa”. Me resaltó la figura del padre como protagonista del desarrollo afectivo de las hijas.

No sé cómo lo ves tú, pero a mí me proporciona mucha serenidad el hecho de que, cada día, una hija mía se va a sentir especial porque su padre pondrá mucho interés en que eso ocurra, creando esa oportunidad de crear un vínculo afectivo de padre-hija sin agobios, evitando la pretensión de llegar siempre a todo y a todas.

Agradezco a Fernando este consejo, y aprovecho para recomendar sus libros (estoy leyendo el que escribió sobre aprender a descansar, diría que es casi imprescindible).