¿Pedir permiso al cónyuge?

Desde nuestra niñez hemos aprendido a pedir permiso, sobre todo a nuestros padres y profesores, si queríamos conseguir aquéllo. Luego, en nuestra profesión, hemos tenido que adherirnos a las exigencias de un jefe, o de un equipo de trabajo, y teníamos que continuar pidiendo permiso para lograr algún objetivo personal o profesional. Pero a veces se nos olvida que nuestr@ espos@ también merece la delicadeza y la confianza de pedirle permiso cuando queremos atender nuestros intereses personales, porque ya somos una familia y no nos conviene vivir como si mis pensamientos y acciones fueran lo único que importara. Necesitamos el matiz de nuestro cónyuge, su beneplácito. Pienso que pedir permiso al espos@ implica el desarrollo de varias virtudes que nos perfeccionan:

Sinceridad: “Te quiero contar lo que tengo en mi cabeza”.

Lealtad: “Me importas y confío en que me sabrás escuchar y comprender”.

Valentía: “Aceptaré un no si crees que es lo acertado”.

Generosidad: “Quiero compartir mi tiempo personal contigo y quiero que opines”.

Cuando uno oye expresiones como: ¿Qué te parece si…?,  ¿Cómo ves…?, ¿Puedo…?, ¿Te importaría si…? sabe que está ante una persona que está siendo humilde porque trata de proponer algo sin tener la última palabra. Es la mejor manera de construir un vínculo duradero como lo es nuestro matrimonio.

Y como no podía ser de otra forma, se trata de expresiones que engrandecen nuestra libertad: porque yo quiero entregarme a él, porque la quiero, porque es mi mejor amig@, porque lo merece, porque confío en ella…

Ojalá sepamos usarla varias veces al día, porque sólo el que impone y no propone, va hacia el camino de la soledad.

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