Convivir con la imperfección

Querer a tu espos@ de verdad implica estar dispuesto a seguir queriéndol@ aunque le descubras más defectos de los que habías intuido. Y no creo que sea pura ingenuidad obviarlos todo lo que podamos. Porque muchas veces, los defectos y debilidades del otro se potencian en nuestra imaginación por nuestra manera limitada de ver la vida.

El matrimonio que se quiere intenta ponderar las situaciones y coloca esos errores e imperfecciones del otro en su contexto. Por eso, una actitud interior de querer pensar bien, salvando la rectitud de sus intenciones, a pesar de la actuación errónea, favorece que veamos a la persona totalmente, también con sus cualidades. Entonces, nos saldrán con sinceridad los halagos, el hablar bien del otro, disculpar cuando ha tenido alguna equivocación. En cualquier caso, el guardar silencio para no dañar su imagen, su prestigio, ante los demás.

No ver el lado bueno de tu espos@ es señal de que estás fuera de la realidad: no puedes estar viviendo un sueño eternamente con un ideal de persona. Es más divertido, real, auténtico, vivir la vida antes que soñarla. Cuando se trata del amor, los sueños sirven para poco: porque amar es estar dispuesto a querer al otro como es. Este es el riesgo.

Tampoco podemos soñar con que nos quieran con un amor perfecto. El otro nos quiere como es: limitado. Pero no por eso podemos decir que sea falso. Nos quiere a su modo, pero nos quiere. Y no podemos convertir nuestra relación en una exigencia de cómo me gustaría a mí que el otro se comportara, de cómo tendría que servir mejor a mis necesidades.

Considerar que vivimos con la imperfección continuamente, y por tanto, nuestro cónyuge no es menos, es el camino “perfecto” para amar con inteligencia, voluntad y afecto. De verdad.

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