¿Tu hijo no siempre te obedece?

Después de varios años en la educación, lo que podemos deducir es que, finalmente, educar consiste en lograr un equilibrio entre el cariño, que fomenta la libertad de los hijos para que desarrollen su personalidad, y la exigencia, que les ayuda a superar, a alcanzar, los retos de la vida. Con estos ingredientes logramos mantener una autoridad que les sirve de guía en su camino hacia la plenitud. Sin embargo, podemos tener la sensación de no estar alcanzando este punto medio.

¿Qué motiva a que en determinadas ocasiones, incluso en determinadas épocas, nos desobedezcan? Un niño desobedece, generalmente, si considera que la norma no es justa. Al menos ante sus ojos. Los niños tienen un fuerte sentido de la justicia y no perdonan a quien no la practica, y más aún, evitarán obedecerle a toda costa. Pero si nos ponemos a pensar, hay normas que son difíciles de cumplir. Entre otras razones, una norma es impracticable si:

  • Es muy estricta, y no admite excepciones o diferentes interpretaciones: “Me da igual que estés cansado”, “porque yo lo digo”, “esto es lo que hay”, “como todos los días”, “compra las chuches que yo te diga…”.
  • Hay demasiadas normas. Todo está normalizado. Pretender tenerlo “todo” controlado puede dar una apariencia de paz y serenidad, pero así estamos favoreciendo que los niños lleguen a violentarse y empiecen a tener ansiedad al tener que cumplir una norma para pasar a otra.
  • No hay normas, o son arbitrarias. Aquí lo que importa es el estado de ánimo del educador. Lo mismo le digo que “es fundamental cepillarse los dientes después de cada comida” como “no pasa nada si no te los cepillas”. Entonces, ¿cuál es el criterio a seguir?

Como nos dicen Rocío Ramos-Paúl y Luis Torres en Niños desobedientes, padres desesperados (Aguilar, 2012): Conseguir que un niño obedezca es tan sencillo como dar una orden, poner consecuencias y cumplirlas”. Esto es, premiar o castigar según corresponda.

Lo adecuado será tener algunas normas –pocas- que sean claras para todos, consensuadas con nuestro cónyuge, que puedan ser medibles y alcanzables, y susceptibles de generar un premio por el esfuerzo y /o logro alcanzado, o al contrario, un castigo.

 

 

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