¿Qué tiene ella que no tienen las demás?

Esta pregunta probablemente nos la hicimos cuando nos planteamos seriamente la conveniencia de tratar más en serio, con gravedad, la relación con tu –hoy- mujer o esposo.  Porque, ante el deseo sincero que todos anhelamos de querer amar a alguien para siempre de forma exclusiva, cabe la duda razonable de si “esa”  es la persona idónea que mi corazón sugiere.

“¿Qué tiene ella que no tienen las demás?” es una pregunta que ya no es relevante para un hombre casado, al menos a mi juicio, porque de alguna manera ya se respondió; de hecho, si lo pensamos, nos dedicamos exclusivamente en el noviazgo a satisfacer dicha cuestión, aunque no fuéramos del todo conscientes.

Lo que sí me parece que toca ahora es, y como recurso para mantener el amor conyugal, ADMIRAR a nuestro cónyuge. Admirarle y que sepa que le admiramos. Porque cuando tú admiras a alguien, es muy difícil que no mejore tu estado de humor cuando piensas en ella; es muy difícil que te entre el aburrimiento o el desánimo cuando te acuerdas de esa persona que se ha entregado a ti en exclusividad, para siempre. Y es que es digno de admiración el que usa su libertad para amarte de esta manera. Es espectacular. Extraordinario. Por eso, cabe decir que es admirable que tu espos@ te quiera a pesar de tus defectos, de tus cambios de humor, de tus opiniones limitadas, de tus observaciones impertinentes, de tu falta de generosidad, de tus pensamientos egoístas, de tu pereza, de tus manifestaciones de soberbia, a veces cargadas de ira, de tus mezquinos juicios sobre los demás, de tu falta de coherencia entre tus palabras y tus acciones… Y vamos a dejarlo aquí.

Admirar, en un sentido práctico, es darse cuenta de lo mucho que ha mejorado tu vida desde que estás con ella. Que sí, que también le acompañan un montón de aspectos “mejorables”, los conocidos defectos, pero eso es tan real como las extraordinarias facultades que Dios le ha dado, en cuanto a belleza, bondad, inteligencia y esfuerzo personal que hace que tu vida con ella sea muy agradable.

“¿Qué tiene ella que no tienen las demás?”… Pues se me ocurre ahora una única respuesta: ¡ME TIENE A MÍ! Por eso el matrimonio es algo muy profundo e intenso: absorbe a toda la otra persona, porque la quiere entera, tal y como es. Y eso, amigo mío, merece una mirada de agradecimiento y devoción.