La familia política. La “tercera” familia

Llamo tercera familia a la familia política. Tercera, porque hay dos por delante: La que hemos creado con nuestro cónyuge, y que requiere mi mayor dedicación en cabeza y corazón, y la que me viene de sangre. Pero ahora estamos hablando de la Tercera, la que adopté cuando me casé. Y es política, pero también FAMILIA: porque forma parte de las personas que he de querer, que he de proteger, que he de cuidar.

La familia de sangre nos viene dada: no la hemos elegido. La familia que estamos creando, tiene que ver con nuestra elección: nuestro cónyuge es el objeto de nuestro amor libre. Diríamos que la familia política está entre medias: en parte, la hemos elegido… Si estamos de acuerdo, caben estas preguntas: ¿Nos comportamos en coherencia con esta elección? ¿Entiendes que atenderla, defenderla, frecuentarla, no sólo satisface a tu cónyuge, sino que además, es una cuestión de justicia?

Por eso creo que, cuando no hablas bien de tu tercera familia, cuando murmuras ante cuestiones irrelevantes con una verborrea desmedida, cuando opinas demasiado sobre lo que no te gusta de ella, puedes estar creando un resentimiento que en nada te favorece: probablemente las cosas seguirán igual, añadiendo que a tu cónyuge le molestará con razón, pues estás hablando de su segunda familia.

Y por orden, los primeros a cuidar son sus padres: tus suegros. Cada uno ha de ver cómo les manifiesta el cariño, el aprecio que les tienes, el agradecimiento infinito que les debes por haber formado a esa criatura que te aguanta a ti todos los días. Además, se convierten para tus hijos en las personas más sabias y bondadosas que existen- junto a tus padres-, y eso no puedes perjudicarlo con palabras, acciones u omisiones, ni mucho menos marchitarlo, pues sería una estupidez, una torpeza imperdonable por lo que supone para el crecimiento afectivo de tus hijos.

Si oír de boca de tu cónyuge aspectos negativos sobre tu familia de sangre te entristece, ¿Te das cuenta de que a veces puedes herir tú cuando lo haces? ¿Procuras no sacar lo más “feo” de tu familia política, sino más bien al contrario, manifestando las cualidades y virtudes que sin duda tienen sus miembros? ¿Te esfuerzas por mantener un trato delicado y respetuoso durante todo el tiempo que pasas con ellos?

Hay cosas que no podemos cambiar, como la cara que tenemos… Pero sí depende de nosotros la cara que ponemos. A veces, por amor, sufrimos interiormente, en el silencio, porque es preferible por el bien del otro. Merece la pena esforzarse por admirar a nuestros suegros y a nuestros cuñados: es un camino que facilita la buena armonía en el matrimonio.