Compórtate como un hombre enamorado

 

Si aún no has visto Bastille, un corto de Isabel Coixet, te animo a que lo hagas antes de leer este post. Serán cinco minutillos que no te dejarán indiferente.

“Ya estoy cansado de ella. Se nos acabó el amor…”. No será de tanto usarlo -como diría la cantante-, sino más bien de lo contrario…

“Ya no la aguanto más. Ya no la quiero, al menos como antes”. Este tipo de pensamiento, que es posible que quepa alguna vez en nuestra vida matrimonial, puede ser el preludio de la infidelidad que muchas veces viene sin buscarla, pero que inconscientemente la permitimos en pequeñas dosis porque viene disfrazada de buen gusto y simpatía. Por eso, cuidado con un desahogo infortunado con quien menos nos conviene, con esa cliente, compañera o amiga de la infancia, con esa criatura de Dios que necesita tanto cariño como yo, con la que se pacta un mutuo “cariñoseo”, incluyendo sonrisas y gestos sensuales con abrazos llenos de afectos, con la excusa de tomar un café o copas, para acabar, ¡ojalá nunca nos pase a nosotros! con un revolcón sin preaviso, porque al frotarse recibimos un calor placentero… Pero a la vez un calor que quema el alma, que nos arde por dentro, por traición.

“Pero, si es que ya no la quiero…”. Ya… Pues no se me ocurre otra cosa que decirte: ¡Quiérela!

Quiérela. Practica el amor. Practica el reto, el deporte de alta competición, de darte a ella. A ella, y sólo a ella, claro. Reduce tus pensamientos tristes, aburridos, hartos de centrarse en ti, para centrarlos en ella. Hazlo diferente por una vez: piensa en ella en positivo. Regálale algo sin motivo, porque te da la gana, y deja de pensar esta vez que estás cansado, o sin dinero, o sin ideas… Sorpréndela. Hazle de comer, o un aperitivo, o un postre, muy fácil hoy con Internet, porque te da la gana. Cuando la veas hacer alguna tarea del hogar, dile que ya lo haces tú. Por una vez. Porque te da la gana. Date la oportunidad de vivir esa experiencia. Acuérdate de tantas veces que te ha dicho que dejes la ropa en el armario, que limpies los pelillos del lavabo al afeitarte, que dejes la pasta de dientes en su sitio, que repongas el papel higiénico cada vez que se acabe… Pues hazlos esta vez sin que te lo tenga que repetir. ¡Cuántos actos de amor caben en ti! En fin, ten un gesto con lo que sabes que ella reclama. Por una vez, deja de decir lo que no funciona. Por una vez,  deja tus pensamientos, acompañados de un rostro mustio con mirada indiferente y silencio eterno, y pregúntale cómo está, cómo le ha ido el día, cómo está esa amiga suya que le preocupa, qué le apetece hacer en el fin de semana, qué le hace entristecer, qué le haría hoy sentirse más feliz… Por una vez, haz algo distinto. Verás como vuelves a repetir esta experiencia. Quiérela. Abrázala y dile que la quieres mucho. Pero esta vez -por diferenciarte- hazlo cada día. Pídele perdón por tus egoísmos, tus susceptibilidades, tus arrebatos de ira, tus caprichos y tus malos modos. Que de todo esto tienes mucho… No se extrañará de lo que oye, aunque sí lo hará, ¡sin duda!, de la valentía que has demostrado al hacerlo.

“Compórtate como un hombre enamorado, y te convertirás en un hombre enamorado”. No hay nada más verdadero que esto para recuperar el amor. Hazlo esta vez diferente: sal de ti y céntrate en ella. Hombre casado: Es el camino de tu felicidad. Ya lo sabes.

 

 

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