Amor romántico versus amor matrimonial

A veces podemos caer en una inocente pretensión de teñir las relaciones conyugales con un aire romántico, propio de una fase anterior necesaria: la fase del noviazgo; y claro, de tanto esperar efluvios sentimentaloides por parte del otro, este ingenuo empeño se convierte en fuente de habitual insatisfacción.

En el amor romántico, lo que mejor lo define -el elemento esencial- es el afecto, propio del enamoramiento, que es la primera fase del amor verdadero. Y este afecto aparece sin avisar. Cuándo y cómo apareció es un gran secreto. Y además, se escapa de nuestra voluntad… Me recuerda a la fase del “tonteo”, “de lo que surja”, de la improvisación, del dejarse llevar.

En el amor matrimonial, diríamos que su característica singular es el acto de la voluntad. En el matrimonio decido quererl@, me impongo como tarea y obligación quererl@ para siempre.

Claro que, dicho así, parece que uno renuncia a los deleites afectivos, pero no se trata de eso. De hecho, los actos de voluntad, movidos por la razón, tienen consecuencias afectivas: en el amor humano, cuando intervienen los actos de voluntad, se obtiene una mayor recompensa que la mera satisfacción afectiva o el placer del cuerpo. Se trata del gozo: una sosegadora tranquilidad consecuencia del ejercicio de la acción voluntaria; la paz que llega cuando, usando la racionalidad, experimentamos una gratificación por haber hecho algo que queríamos, que era justo y necesario.

Y es que el gozo que da el amor matrimonial no es tan evidente como el placer. Es una experiencia más secundaria que ésta. Pero que cala más. Y que se esconde detrás de lo que ya tenemos: los hijos, la fidelidad, el que me quiera mi cónyuge en exclusividad, los momentos de armonía familiar, la mutua confianza y respeto, el avance de los hijos, etc.

Por tanto, es preciso estar vigilantes para disfrutar de las alegrías diarias porque pueden pasar desapercibidas. Como siempre, poniendo intención en saborearlas. Depende de mí. Depende de ti. No sea que, por un error de concepto, estemos anhelando unos cariños superficiales e incontrolables, cuando ya tenemos en casa el gran amor que depende de nosotros atenderlo.

No abandonemos nuestro amor eterno, y menos por un momento de placer, a lo Esaú, que vendió su primogenitura a su hermano por un mísero plato de lentejas.

4 comentarios en “Amor romántico versus amor matrimonial

  1. Querido David, un acierto este blog, te animo a que sigas haciendo artículos sobre ideas claras y concisas. Ya sabes, repetir, repetir y repetir hasta que vuelvan a calar ideas muy simples , pero certeras, que ayudan mucho.
    Gran labor para combatir la mayor epidemia del s XXI
    Un abrazo

  2. Muchas gracias Javi, estamos comprometidos, y condenados a ganar la batalla!! Un abrazo

  3. Profunda reflexión, recomendable para aquellos que perciben el matrimonio como el estado que condena a la apatía, pues en su escala de valores el yo está muy por encima del nosotros.

    Aprender a superar la fase del sentimentalismo es un reto en el que sin duda entra en juego el papel de los que somos educadores. El enseñar a negarse, a superar las frustraciones, a pensar en el otro, a valorar a las personas por lo que son y no por lo que nos aportan en un momento dado….puede ser un pequeño entrenamiento para preparar a los niños y adolescentes para el amor.

  4. Completamente de acuerdo, muchas gracias Lucía

Los comentarios están cerrados.

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