Del “esto es lo que hay de comer” al “¿qué quieres comer?”

Es un cambio importante, parece que no, pero que hayamos pasado de cuando preguntábamos a nuestros padres ¿qué hay para comer?, a que seamos -algunos padres de ahora- los que preguntemos al niño ¿qué quieres comer?, es un ejemplo de cómo estamos dirigiendo la educación de nuestros hijos, en ciertas ocasiones erróneamente: “es que mi niña no le gustan las verduras”, “es que ella se lo come con mayonesa”, “es que si no está pasado no se lo come”… ¿te suena?.

Niños que duermen en la cama de sus padres –con ellos-, que comen una comida diferente a la que toman los mayores, que son superatendidos cuando se han lastimado, padres que se ponen nerviosos si ven que un niño ha ninguneado a su hijito en la piscina… Incluso he llegado a ver a alguna madre llevando las mochilas -¡con ruedas!- de sus hijas preadolescentes. Y todavía le pregunto por qué lo hace, y me contesta: “porque soy tonta”. “No”-le contesto-. “Usted no es tonta, pero sabe que no es razonable lo que hace”. En definitiva, preparando a unos niños débiles, flojos. Eso sí, con la mejor intención del mundo.

¿Qué ha pasado con el “esto es lo que hay” o el “si no te lo quieres comer ahora, te lo comes luego en la merienda”? Pienso que es mejor empezar a sufrir desde el hogar, lo que yo llamaría “un sufrimiento dosificado”. Sufrir luego, en la calle, es más duro, porque sin duda tendrán menos piedad con nuestro hijo… porque tendrá un jefe, un cliente malhumorado, compañeros que pensarán diferente, todos dispuestos a decirle: “¡quién te crees que eres!”.

“Te callas”, “te aguantas”, “te esperas”, son expresiones que en casa deberían sonar con frecuencia. No entiendo a esos padres, a esas madres que están continuamente razonando con su hijo cada decisión que han tomado. ¿Por qué tiene que entender un niño de cuatro años tus decisiones de padre? ¿Y si no lo entiende desde la razón, pero sí por el mero hecho de que se lo dice su padre? ¿Acaso tiene la opción de no hacer lo que exiges, porque no entiende “las razones”? Y luego diremos con los años que los niños no obedecen…

Vamos a dejar el razonamiento para cuando sean más mayores, que realmente es cuando los adolescentes necesitan más conversación, más cercanía y reflexión, y no hagamos precisamente lo contrario –niños escandalosamente hiperatendidos, y adolescentes “mal tratados”-.

Nuestros hijos han de tomar decisiones, pero no les pidamos que decidan en aquellos aspectos que nos toca hacerlo.

No pocos conflictos matrimoniales son causados por esta “hipercomprensión” ante los hijos. Creo que hay que pararse y ver si estamos, intencionadamente o no, sobreprotegiendo. Preguntarle a tu cónyuge si lo estás haciendo bien con tu hijo en este asunto es un buen comienzo.

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